lunes 25 de enero de 2010

Que anda “espantao”, eso cuenta su hermano, que lleva una semana así, mi fiera, El Josué, que nadie lo ha visto últimamente pero que volverá, que no me preocupe, que son cosas de artistas, ya me entiendes, que normalmente se le pasa pronto y que ha de ser, como le pasa siempre, una cuestión de deudas, y que a éste no se le verá el pelo hasta que lo haya “saldao”, cuando pueda, el asunto, a su manera, vamos: que me espere, que ya volverá, pero que cómo se me ocurre preguntar por Josué en el mercadillo, si El Josué, desde que se que fugó con la gitana aquella, pobre chiquilla, que cuando ya no aguantó más la devolvió a sus padres rota, deshonradita entera, cuatro días después, cosas de leyes suyas, ya me entiendes, pero que desde entonces, El Josué nunca más ya va a poder vender, que ésa es su penitencia por lo hecho, que mira que le gustan las niñas al fenómeno, que de tanto gustarle lo acaban perdiendo, al hombre, y que anda que no sabía lo que le esperaba cuando se desapareció con ella, nada menos que cuatro días, primo, que le han hecho justicia y que vale, que ella jamás se casará porque está rota y ya no sirve, pero que cómo se me ocurre preguntar por Josué en el mercadillo, que ése no lo podrá pisar ya nunca, por follador, cabezaloca, que así le va, y yo asombrado, convencido como estaba hasta entonces de que Josué no iba a vender porque estaba esperando género, que desde que lo conozco no me deja de hablar de ese contacto suyo, de esa ropa tan buena y tan barata que le vende, que en cuanto junte lo suficiente para un lote vuelve, lo echa todo a rodar, porque lo de vender, primito, y encima con semejante género, no se trata de otra cosa que de empezar, amigo, en serio, quiero decir, que de El Josué nadita, al menos por ahora, pero que donde seguro nunca, desde luego es allí, en el mercado, alma de dios, que vaya cosas tengo. Y me creo lo de las deudas, eso seguro. Más que nada, porque unos días antes de esta misma “espantá” Josué vino por casa, bien entrada la noche, y venga a tocar el timbre el cabrón, que hasta me levanté por fin y lo encontré en la puerta, con su cara de póker, la mirada torcida, la sonrisa entreabierta, y lo invité a pasar y charlamos un rato, nos terminamos el poco vino que me quedaba, y él me invitó a cigarros hasta desembuchar, con la cabeza baja, que ya me daba a mí que la visita no era tal, y que efectivamente, al cabo de un rato, se me arrancó “Lorenzo, amigo, de camino a tu casa me decía, pensaba: el ” no”, ya lo tengo, pero si me pudieras hacer tú cierto favor, colega, y te cuento”… Así que me creo lo de la deuda, eso seguro, y me lo imagino, con el teléfono sin enchufar como lo tiene, ya digo, desde hace una semana, con el coche escondido a saber dónde, a buen recaudo, maquinando para desemplumar a quien se deje, jodido y desesperado por salir de una maldita vez de ésta, que toda la vida igual, que me cago en la leche, que de dónde me habrá salido esta cabeza mía, qué vida ésta, y que a ver cómo me las arreglo, primo, en este lío. Siempre sin un pavo, siempre a salto de mata, siempre pidiendo que sea yo el que vaya a verlo, que anda sin gasolina. Y aún así vaya niñas gasta, no es broma, que ya se las conozco todas, que las fotografía, en la cama, recién folladas, que debe hacerlo bien, apostaría un sueldo, que los artistas tienen mano para eso, que a una mujer, cuando está bien follada se le nota, y se retuercen todas en las fotos, que se les ve saciadas, tanto, que les gusta que las fotografíe, ya digo. Así que El Josué puede ser todo un caso, algo cabezaloca y esas cosas, pero no es para tanto su desgracia, insisto, y por lo general, casi nunca de más de veinticinco, cabronazo. En resumidas cuentas: que me toca esperar, en lo que a mi Josué respecta. Y que conste, que no me desespera la tardanza, conozco a más artistas… Pero a ver si va apareciendo, El Josué, y arregla ya lo suyo, y se deja caer por casa como siempre, cuando le da la gana, para echarse unos cantes y esas cosas, para invitarle a un vino o lo que sea, para pedir dinero, o presentarme novias. A ver si arregla lo suyo El Josué, ya digo, y de paso, cuando nos encontremos me explica cómo es eso de que conoce a Linda, que desde cuando un gitano se trata con enfermeras, que esa mujer es una cosa mala, y cómo es eso de que le preguntó por mí, que el mundo es un pañuelo, eso es cosa sabida, y que me explique, demonios, qué le contó Linda de mí ¡Al Josué!, que hace meses que no la veo, que me ha dejado loco esa enfermera, que si se la ha follado ya, me cago en sus muertos, eso sí que no se lo perdono, pero a lo hecho, pecho, de perdidos al río que se dice, y aunque no se deba hacer eso a los amigos, si ellos se han acostado ya, si no hay remedio, qué le vamos a hacer, pero que me lo cuente. Que me lo cuente todo. Todito de principio a fin. Y desde luego, si se la ha tirado, el muy cabrón, que me enseñe la foto. Quiero verla. Más le vale. Con pelos y señales. Desnudita y saciada. Por favor. Que si no es para eso, a ver para qué tiene uno a los compadres.