miércoles 25 de noviembre de 2009

El Negri me deja a mi aire ,me deja hacer, o al menos eso dice, tambaleante como de costumbre desde el fondo de la barra, a voz en grito, nada más verme llegar a la taberna, esta misma noche, hace apenas un rato. El Negri sabe que escribo sobre él, y,por lo visto, la idea le apasiona, pero a veces me pregunto si no hubiese sido mejor haber mantenido la boquita cerrada a ese respecto cuando tuve la oportunidad de hacerlo. Más que nada porque, últimamente, El Negri, en cuanto me ve, hace todo lo posible por reducir su tambaleo y llamar mi atención, pone cara de interesante, insiste en que me tome una copa con él, y trata de de contarme cualquier anécdota más o menos divertida que se le ocurra, por disparatada que sea. Me deja a mi aire, dice, pero es esa insistencia la que me lleva a pensar que, en el fondo, el asunto no le trae tanto sin cuidado, entre otras cosas, porque probablemente ésta es la primera vez en que alguien escribe sobre El Negri, a excepción de juez o, aún peor, sin prometerle justa venganza. "Tú... a tu aire", insiste, y eso que me cansé de explicarle que sí, que mi Negri tiene mucho de El Negri, que se parecen mucho, es cierto, pero que mi Negri no es El Negri que él y yo conocemos, que jamás serán la misma cosa por mucho que uno lo intente, que no debería tomarse el asunto en un sentido literal, y que no lo voy a sacar más guapo por muchos morritos que me ponga al verme, más interesante porque de un tiempo a esta parte sostenga los cubatas con el meñique hacia afuera, como hacen con el café las señoritas cursis, ni más irresistible para las mujeres por más que insista en presentarme, cada vez que nos encontramos, a esa chica tan cándida y con aspecto de ida que lo acompaña últimamente, y a la que todos conocen como "Ni-Mu". Pero eso sí, que quede claro, que él me deja a mi aire... o eso acaba de decirme, hará unos diez minutos, cuando bajé a por lo de siempre, al lugar de siempre, y a la hora de siempre...en la taberna, vamos. En cualquier caso, lo que sí es cierto es que El Negri está atravesando una especie de "tiempo de bonanza", por lo visto, de "vacas gordas", o como uno quiera llamarlo. En serio. Hasta ayer mismo, El Negri era simplemente la envidia de esa señora rubia tan atenta que se aprende mis poemas de memoria para recitármelos con aroma a tintorro y queso del país en cuanto me ve, la pobre, en la taberna, lo cual entraña un enorme mérito por su parte, porque es algo que ni yo mismo haría (me refiero a aprenderme mis poemas del tirón), pero, desde esta tarde, El Negri es además la envidia del tropel de borrachos restante que dormitan las horas frente a sus tazas menguantes de vino barato en el bar, día tras día y noche tras noche, y no tanto por su cameo haciendo de sí mismo en mis cuentos de pacotilla, sino porque esta tarde, según me ha contado El Negri en persona, se ha sorteado la flamante cesta de navidad de la taberna, y ya os podéis imaginar quién ha sido el agraciado...de manera que El Negri está en racha: su popularidad en el barrio está por las nubes, y desde esta tarde, tiene asegurado algo que llevarse a su bocaza cada día, al menos hasta que acabe el año, tenga dientes o no. Hoy estaba tan exultante, el cabrón, ya digo, que la sonrisa le colgaba hasta perderse calle abajo rumbo a los sumideros, desparramada, hasta el punto que resultaba difícil no pisarla dando botes entre los charcos. Para no variar, por cuarta o quinta vez esta semana, El Negri me presentó a Ni-mu, al tiempo que se arrancó una especie de pasodoble con el cubata, junto a la barra, esgrimiendo el boleto afortunado en la otra mano, tan contento...por su parte Ni-mu, o eso me pareció a mí, tímidamente desvió su mirada del infinito, como reconociéndome, aunque de esto último no estoy para nada seguro, como haciendo un exceso, tal vez por no desentonar. Ni-Mu, como cualquier lector avezado podrá intuir, se llama Ni-Mu por algo, y ese algo incluye no ser, precisamente, un dechado de locuacidad ni mucho menos, y de hecho, estoy empezando a pensar que El Negri nos presenta tan a menudo no por temor a que yo no la recuerde, sino seguramente por todo lo contrario, o tal vez para que escriba sobre ella, lo cual, como suele suceder con la existencia en general, a Ni-Mu le importa una mierda. El Negri anda contento, ya digo, últimamente, y me cae bien. Me alegro por él y por su cesta de Navidad, me alegro de verlo acompañado, aunque sólo sea de cuerpo presente, por tan dócil princesa, pero eso de que me deja a mi aire, está por ver... De hecho, había pensado en ponerle una novia a El Negri, a mi Negri, así, a bote pronto y aprovechando la coyuntura, y un poco por rematar el encuadre ñoño y relamido, una escena tremenda y delirante por navidad: el yonki recalcitrante, la cesta repleta, y su chica mudita de aire ausente, los dos poniéndose ciegos por la cara en Nochebuena, sin haberlo robado por una vez, pero de eso ni hablar, insistió El Negri:"No me jodas doc...no me jodas con una novia ahora, justo cuando las cosas empezaban a irme bien, tú a tu aire, colega, pero que conste que a mí lo que me va es la libertad, doc, en serio, nada de churris a poder ser, eso sí que no, no me hagas esto...". Y a pesar de que sé que no es muy ortodoxo que los personajes tomen cartas en el asunto, se aventuren y le digan a uno cómo han de ser las cosas, por esta vez creo que haré caso a El Negri, y El Negri seguirá soltero, al menos por lo de ahora, que no son tiempos de encabronarse. Entiendo que tal vez ponerle novia es ir demasiado lejos, y al fin y al cabo, ésa es la verdad, él siempre se ha portado conmigo de puta madre. Pero que se prepare, porque no quedarán así las cosas, que los personajes, si están para algo, es para pasarlas chungas y para que uno les tome el pelo, para hacerles diabluras, que para aburririse ya tiene uno los días, y al fin y al cabo a El Negri me lo he inventado yo. Míralo qué contento pasa de retirada, con la dulce Ni-Mu del brazo, mientras lo escribo, calle abajo, bajo mis ventanales, tratando de decidir qué botella de vino de la cesta caerá hoy...¡Buenas noches, doc!, me grita, como siempre que ve luz encendida en la casa, cada noche, porque sabe que estoy escribiendo, y por si me había olvidado de él, cacho cabrón. Que se ha creído que van a ser todo vino y rosas... "Nada de novias, doc", me insistió. Pero ahí se van ya los dos juntitos, cogiditos del brazo, una noche más, El Negri y Ni-Mu, como dos tortolitos a su nido, como un par de simples enamorados. Yo, a mi aire, ya digo...
Pero eso sí: que conste, que ya hablaremos El Negri y yo...