A la Bella Ni-Mú. Mi pequeño homenaje más sincero: Salud...
Me había prometido no escribir. Me había prometido dejarlo todo por un tiempo, dejarlo reposar, que mi cabeza se despejase, eso me prometí, que se descongestionase un poco, qué sé yo... Me había prometido dejarlo. Dejarlo por un tiempo. Quería descansar, sí... ésa es la verdad. Esta misma noche lo hice, lo reconozco. Prometerme eso mismo, descansar. Pero también es cierto que mucho antes de prometerme descansar, dejarlo, me había prometido escribir algo sobre Ni-Mú, eso también es cierto. Me había prometido escribrir sobre ella, sobre Ni-Mú, y fue lo último que me prometí escribir antes de prometerme no escribir, escribir sobre ella, sobre Ni-Mú, sobre la noche en que la conocí, precisamente, cuando El Negri nos presentó, la noche en la que decidí llamarla Ni-Mú, porque "Ni-Mú" le iba pero que mucho al pelo, sinceramente, porque no abrió la noche en toda la puta boca, que por eso es por lo que se llama ahora Ni-Mú, porque ni siquiera una vez en casa, por mucho que intenté ponerle música, pinchar mis favoritos, incitarla a bailar, Ni-Mú permaneció impertérrita hasta la madrugada, hasta hacerme creer que de veras la pobre no sabía hablar, cubata tras cubata, canción tras canción: "Ni-Mú"...Literalmente. Antes de prometerme no escribir, ya digo, me había prometido escribir algo sobre Ni-Mú, en parte porque me preguntaban por ella, los colegas, por la calle, por teléfono, como queriendo ellos saber, como queriendo saber cómo estaba Ni-Mú, si se había recuperado, si estaba bien de lo suyo. En parte por eso, para evitar rumores. Pero en parte también porque se lo debía, y porque lo suyo, lo de Ni-Mú, tiene más recorrido que su ausencia, porque no es sólo eso, porque lo de Ni-Mú es mucho más Ni-Mú de lo que parece. Me había prometido no escribir, la verdad. Me había prometido descansar, y sin embargo no lo estoy haciendo. Escribo. Escribo de NI-Mú, pero como podría escribir que el sábado pasado, y eso que la llamé, al menos un par de veces, a La Niña, pero La Niña no dio ni una señal de vida, que acabamos en mi salón más bien borrachos, pero borrachos sin su presencia, sin melena rubia, sin sus sortijas, sin que nos diese la lata protestando, todo el rato, muy aburridos. Más que de costumbre. La Niña es La Niña. Aunque me odie. Que con La Níña me sucede lo mismo que con Linda...que me aborrece. Pero es al menos algo mejor que nada. Les caigo mal. A las dos. Con lo guapas que son...pero al menos me odian, y por amor uno se consuela al final con lo que puede. No es por eso. POrque en definitiva, La Niña no responde a mis llamadas, y ya ni siquiera se acerca a verme. Ya ni me odia. Y mucho peor con Linda. Llego al Hospital, y me paso la tarde fingiendo estar atareado, camino y camino, la busco en los pasillos, en las habitaciones, en los quirófanos. Llevo meses sin verla. Cansado de esperar. ¿dónde se habrá metido? Es por eso que antes de prometerme no escribir, en lugar de sobre La NIña o Linda me prometí escribir sobre Ni-Mú, porque Ni-Mú conmigo es muy de puta madre, eso lo primero, y que además la veo yo a menudo, y hasta me da palique, en serio, si la encuentro cuando bajo en el bar: me da palique, de veras, Ni-Mú, y eso no se lo hace Ni-Mú con nadie más. Pero que conste, que si escribo sobre Ni-Mú y no sobre Linda ni sobre La Niña no es por nada de todo esto, no le escribo porque al menos Ni-Mú, al menos ella, y a diferencia de Linda y La Niña, porque al menos Ni-Mú no me haya retirado la palabra, no es por eso. No escribo sobre Ni-Mú porque sea de puta madre, ni porque por la calle me pregunten por ella. Qué va. Si escribro sobre Ni-Mú es porque justo antes de prometeme no escribir, pero justo antes, lo último que me prometí escribir fué sobre cómo la misma noche en que nos conocimos, cuando ya amanecía, agotado y borracho, convencido de que Ni-Mú no hablaba pero nunca, mientras salía el sol y me daba por muerto, tirado por el suelo, desparramado en la alfombra sin que me lo esperase, puse Lole y Manuel, y al empezar el ruido de guitarras, como si despertase, como volviendo al mundo la cabrona, de buenas a primeras, me demostró que estaba viva sonriendo, y le dio como a una flor por florecer, y se le empañaron los ojos y contenta, siguiendo la canción, abrió la noche por primera vez, justo al acabarse la boca, y rebosando luz cantó como el más bello de los putos ángeles, tanto que al recordarlo me hace cagarme en Dios, y me pone la espalda de punta y me estremece, lo que sigue:
...Todo es de color...